Me piden que escriba algo sobre el Monasterio de las Huelgas ¿Y habrá algo más fácil y placentero para mí que escribir sobre este monasterio, sobre esta comunidad, y sobre algo relacionado con el Cister?

            Mis primeros recuerdos o contactos con este monasterio arrancan cuando de la mano de mi padre, asistíamos a la celebración del día del Curpillos, hace ya muchos años, y posteriormente, por razones laborales, mi puesto de trabajo coincidía exactamente detrás de la torre de campanas del monasterio, en la importante industria química con la que compartía vecindad el cenobio, y nos resultaba familiar el tañido de las campanas a lo largo del día.

            Ya exento de obligaciones laborales, el contacto con la comunidad de Huelgas empezó con la asistencia al oficio vespertino de Vísperas, a oír cantar gregoriano a las hermanas, música por la que siento admiración, y al poco tiempo, hace veinte años aproximadamente, a asistir a la misa dominical todas las semanas y las festividades que se celebran en el monasterio.

            Después de tantos años, si algún domingo no puedo asistir a esta misa, el día no me parece festivo, me falta algo importante.

            El conocimiento de todo el arte que atesora el monasterio me ayuda a mantener ese afecto, interés y cariño por todas sus dependencias, sus claustros y silencio, sus tumbas, las de los reyes y la humilde de su hija Berenguela la Grande, todo lo llenan y presiden, el arte sobrio cisterciense, su silencio…

            Recientemente he escrito para otro medio “donde a la sombra de sus encantos tanta paz y sosiego se alcanza, y donde con tanto afecto eres recibido cuando acudes en busca de esa paz que inunda todo lo cisterciense”

            Y en cuanto a lo genérico del cister, mis primeros recuerdos de San Pedro de Cardeña tienen su principio en los iniciales años cuarenta del pasado siglo, recién llegada la comunidad desde Dueñas (Palencia) a este monasterio, cuando los amigos “hacíamos una marcha” y pasábamos el día en los alrededores del mismo, e iniciábamos un tímido contacto con los padres cistercienses.

            En la actualidad, ya octogenario y sin otras ataduras, ese contacto lo mantengo con los padres cistercienses de Dueñas un par de veces al año, adonde acudo una semana en busca de esa paz y sosiego que la sociedad actual nos niega, y donde eres recibido como si fuera tu casa.

            Estos son mis recuerdos y contactos con lo cisterciense. Niño, de la mano de mi padre a la festividad del Curpillos. Adulto, la cercanía por la vecindad del lugar de trabajo con las Madres Cistercienses de Huelgas, y los últimos veinte años asistiendo a su liturgia; y con lo cisterciense, desde mi infancia con la cercanía al monasterio de San Pedro de Cardeña recién llegada la comunidad a ese monasterio desde Dueñas, excursión que nos gustaba enormemente, y ya finalmente mi contacto con la comunidad de San Isidoro de Dueñas.

                                                                                                                                                José Luis Nebreda Labarga


 

 

 

 

 

 

 

 

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